Estuvimos muy seducido por la idea, minada, sin duda, de lugares comunes, de esas percepciones que nos obligan a desmenuzar lo que ha ocurrido durante todo el año, para hallar el sentido de las cosas, -si es que hay cosas y hay sentido- y si esas particularidades son en verdad, un estímulo para observar el futuro con cierta nitidez de propósito. Si miramos hacia atrás, ese convulso 2025, como los han sido todos antes y después de nuestra era, notaremos que, episodios controversiales más, o episodios controversiales menos, el norte supremo seguirá siendo Ser para quienes se atrevieron a despertar espiritualmente y avanzar. Ya es una ruta significativa.
Las consciencias han sido abatidas y debatidas, y como el progreso no siempre denota ir hacia adelante, la paradoja consiste en que la dirección del avance la define tu propia visión evolutiva, eso sí, sin caer en presunciones ni vanidades espirituales. Hay trampas, celadas, maquinaciones, engaños, todo el perfecto arsenal de tentaciones, como aquella realidad que encontró Alicia cuando cruzó el espejo. Y así vimos la existencia: invertida, increíble, aleccionadora, y mordaz. Tiránica y jerárquica.
Sin embargo, no es el año que pasó, sino el instante que viviste aferrado al mástil de tu verdad, lo que ocasionó el mínimo de fortaleza interna para evaluar y seguir. La civilización, aquí abajo, y el cosmos, allá arriba, devoraciones, perforaciones, el proyecto de sobrevivir a las grandes invenciones del hombre, es una confusión eterna, que describe la paradoja de tenerlo todo y no tener nada. El bien y el mal, descubren su rostro, y amparan la jugada infinita, sin límites, apropiándose de las voluntades sin que éstas sepan que son ellas las que juzgan el desenvolvimiento. Esencia, conciencia, existencia.
El nuevo comienzo, es el viejo depósito de los sueños inconclusos, y de objetivos cumplidos. Ni oportunidad ni garantía de éxito. Estos próximos 365 días, una certeza sobresale, indemne; el poder anhelará más poder, y la ecuación es definitiva, ya que su capital es la usurpación y el avasallamiento. La genealogía del estrago y la ruina están atadas al mundo terrenal, y en ocasiones, muy evidentes, se fortalecen, mantienen su equilibrio y muestran unas destrezas sombrías, sin embargo, su contraparte, la paz y la armonía, andan por allí, extraviada del sentido humano, desorientadas por el enjambre de ideas dominantes que moran allí, donde respirar una atmósfera espiritual es señal de incoherencia.
Es irrebatible; el siglo XXI, sus primeros 25 años, fueron menos estruendosos, repugnantes quizás, aun cuando hubo dolor e irreparables pérdidas, que la centuria anterior. Nada más la Gripe Española (1918-1919) y la Primera Guerra Mundial (1914-1918) dejaron alrededor de 80 millones de personas fallecidas en los dos frentes del horror.
En el fondo, se trata de eventos que el hombre pudo haber evitado, así como en este primer cuarto de siglo, el derrumbe de las Torres Gemelas, los conflictos en Siria, Afganistán, Irán, la oprobiosa epidemia Covid-19, la indignante amenaza de muerte por hambruna a más de 340 millones de personas en el mundo, según la ONU ni hablar de los magnetismos del ejercicio de poder político en sociedades donde el pensamiento crítico es un delito y se castiga con la tortura, el exilio o la muerte.
Donde hay voluntad superior, fuerza espiritual, hay respeto por la integridad del ser humano. Sí hay un firmamento que extirpa las tinieblas. No hay dudas. Sí podemos distinguir al hombre de la fiera. Advertir su presencia y sanar. Es una obra superior. No cualquier obra.


Extirpar nuestra propia fiera, para extirpar la fiera. ONS.🙏
Om Namaha Shivaya …la verdad éstas palabras definen mi sentir con respecto al devenir …ir y venir pero seguir …siempre….gracias.