Joseph-Antoine Ferdinand Plateau, físico belga, nació el 14 de octubre de 1801 en Bruselas, hijo de un artista especializado en flores. A los 13 años perdió a su madre y a los 14 a su padre, quedando él y sus hermanos bajo el cuidado de un tío materno. Desde pequeño tuvo interés en las ciencias naturales y realizaba experimentos con instrumentos inventados por él.
Estudió en el Ateneo Real de Bruselas, luego se formó en derecho en la Universidad de Lieja y continuó con ciencias matemáticas y físicas doctorándose en 1929. Ejerció como profesor de física en el Instituto Gaggia, uno de los más prestigiosos en Bélgica, y profesor de física experimental en la Universidad Estatal de Gante (1844-1872).
Sus primeras investigaciones fueron sobre óptica fisiológica (tesis doctoral), enfocándose luego en la percepción de los colores y en las postimágenes, que Plateau definió como “persistencia de la visión”: el tiempo que una imagen tarda en constituirse y desaparecer de la retina. En 1932 inventó un dispositivo que denominó “fenaquistiscopio”, el cual produce la ilusión de movimiento de una imagen a partir de una secuencia de imágenes fijas. Este dispositivo sería el precursor del cinematógrafo Lumiére y, por ende, del cine.
Otro de sus aportes fue la Ley Talbot-Plateau: el efecto de un color/luz presentado brevemente al ojo, es proporcional a la intensidad de ese color/luz y al tiempo de presentación. Este estudio se considera precursor de la psicofísica de la visión. También formuló las tres Leyes de Plateau respecto a las fuerzas moleculares en masas líquidas ingrávidas.
A los 42 años quedó ciego, pero gracias a la colaboración de amigos y familiares continuó su trabajo y publicó sus investigaciones en la Correspondance mathématique et physique.
Miembro de varias academias y distinguido con tres grados de la Orden de Leopoldo, falleció el 15 de septiembre de 1883 en Gante.
Fotografía: https://www.eduspb.com/public/img/biography/p/plateau_j1.jpg.


Qué ironía que el maestro Plateau, pionero de la persistencia visual y precursor del cine, fuera a perder la vista justo cuando los ojos son fundamentales. ¡Un chiste de la vida, o quizás una lección de que la física molecular es más importante que las imágenes fugaces! Sin embargo, su legado es brillante, y su capacidad para seguir adelante tras ceguera es admirable. ¿Será que los científicos son los únicos que pueden ver más allá de lo obvio? ¡Un homenaje merecido en su día!