Detenerse a observar el transcurrir del tiempo parece una transgresión al ritmo impuesto sobre el cual nos avocamos progresivamente desde que nacemos, al ingresar al tablero de juego diseñado donde no pareciera posible descansar.
En la vigilia y en el sueño siempre hay actividad. Se pasa de un estado a otro como quien atraviesa una puerta giratoria de manera incesante e inevitable porque no es posible permanecer la totalidad del tiempo en un solo estado.
Cómo agota al alma el no encontrar un tiempo y un espacio para abstraerse de ese continuo espacio tiempo de constante experimentación, en el que los órdenes sociales se han configurado bajo esquemas que cada vez más distancian al hombre de una existencia con sentido.
En estos tiempos se acentúan las opresiones invisibles pero palpables que genera el estar inmersos en dinámicas que nos atrapan ante las concebidas formas de vida acordadas tras años de transformaciones sociales, económicas y políticas.
No es necesario comentar ningún enfoque, modelo o sistema, porque indistintamente a su manera son caras de una misma moneda destinada solo a comprar nuestra libertad de conciencia para distraernos de la búsqueda y encuentro de la trascendental apuesta de toda alma.
La razón de vivir es un descubrimiento progresivo, íntimo, auténtico. No hay fórmula genérica, porque cada quien va desde su realidad creada, integrando variables y analizando resultantes para dar con sus propias verdades.
El asunto es que no están dadas las condiciones para que esto como proceso esencial se pueda dar de forma generalizada, es decir que la mayoría se avoquen a esto en su cotidianidad. En cualquiera de las apuestas de poder que rigen hoy el planeta los asuntos esenciales del ser humano no son agenda.
Hemos tomado siglo tras siglo, rutas que van dejando caminos trazados sobre los cuales se sigue abonando, justificando, teorizando y reivindicando ideas que no alimentan ni el cuerpo ni el alma y que reducen cada vez más el potencial de la humanidad.
Ante estas dinámicas algunos se desmarcan atreviéndose a pensar, reflexionar, cuestionar y proponer otras miradas, ingeniar otros rumbos o al menos atreverse a plantearlos. Dentro de estos en las ciencias exactas como en la filosofía y literatura hay combinaciones curiosas.
Justamente Ernesto Sábato es uno de estos personajes quien navegó diversas aguas desde militancias ideológicas en su juventud, pasando a ejercer las ciencias exactas como doctor en física matemática hasta su vocación y oficio de escritor labor en la que se avocó a cuestionar – sin importar sus fundamentos – esas formas de poder que no ofrecen libertad ni dignidad.
Así se enmarca a sí mismo cuando expone que “El escritor deber ser un testigo insobornable de su tiempo, con coraje para decir la verdad, y levantarse contra todo oficialismo que, enceguecido por sus intereses, pierde de vista la sacralidad de la persona humana”.
Esta reivindicación humanista está tan vigente en este presente, y lo estará en muchos presentes del futuro, considerando que todo poder está avocado por cualquier medio, a desconfigurar nuestra más sagrada condición y ante eso es necesaria una acción, que cuanto más íntima mucho más efectiva.
En todo tiempo en el que habitemos será urgente detenerse, observarse y proclamarse: Humanamente Sagrado.


Gracias 🙏 Excelente reflexión
OMS
Linda reflexión.
Saludos