¿Cuánto podemos soportar la frenética realidad que intenta hundirnos entre corrientes frías y cálidas como lo son nuestros estados mentales y emocionales tan desconocidos, tan negados?
Y una respuesta, algo ingenua, podría ser que: tanto como el tiempo que podamos estar en equilibrio para mantenernos a flote en la superficie, donde sabemos que sostenidos persistimos, nadando muchas veces con certeza de destino, algunas contracorrientes y otras tantas simplemente dejándonos llevar esperando que alguna fuerza interior nos remonte para trazar rumbo de nuevo.
Solemos mirar con particular suspicacia emociones y sentimientos que nos arrastran hacia estados de tristeza y melancolía, preferimos evitarlos, no sondearlos por miedo a perdernos o a encontrarnos. En cualquier caso, hay recursos no tan evidentes, que, planteados por Ernesto Sábato, Byung-Chul Han y Roland Barthes (citado por Han) sincronizan en lo que podría interpretarse como un fractal, cuando rememoran en sus obras a un grande del romanticismo Robert Schumann, como ese rescatista cuya obra musical salvó a tantos incluso a ellos o sus más amados.
Sábato en el capítulo “El dolor rompe el tiempo” de su obra Antes del Fin, aflora la profunda tristeza al encontrarse una fotografía de su amado hijo Jorge – fallecido – y a través de ella viaja en el tiempo a momentos que recuerdan especialmente su amor por Schumann, a quien comprendía tanto hasta el punto de que siente que lo ayudaba a vivir.
En paralelo, Han en su obra La Tonalidad del Pensamiento, hace lo propio al evocar a Barthes con La Cámara Lúcida, en la que recuerda a su madre amada a través de una fotografía con la que conecta el lugar de remembranza como un puente para transitar en el recuerdo y la tristeza por su ausencia, al conectar el sentimiento que le produce la obra Canto del Alba de Schumann.
Y subiéndose en la ola Han al encontrar con Barthes acercan al rescatista Schumann y logra exponer como éste alcanza a expresar la trascendencia del tiempo entre la vida y la muerte que logra sacralizar la realidad recreando su pensamiento, salvándolo del frenetismo de la vida actual que nos ahoga.
El mismo Schumann en su lucha interna que oscilaba entre una activa creatividad y un estado depresivo, supo navegar esas mareas internas y comparte algo de su recurso intimo al decir: “Hemos aprendido a expresar los más delicados matices del sentimiento al penetrar más profundamente en los misterios de la armonía.”
Con esto pareciera afirmar con total certeza que hay que aprender tanto a nadar en superficie como hundirse y salir a flote porque sin estas oscilaciones no habría autoconocimiento; y de todo esto saber que si en la música la combinación de los acordes otorga dos tipos de armonía consonante y disonante; debemos elegir cuál nos reclama nuestra alma y afinar sin parar hasta encontrarla y sostenerla.
Fuentes consultadas
- https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Schumann
- Byun-Chul Han, La Tonalidad del Pensamiento
- Ernesto Sábato, Antes del Fin


armonia»permanecer en silencio en armonía con el aquí y ahora aquíestando la mente , entre subivajas de emociones encontradas y resistencia a lo desconocido con grandes esferas de miedo me paralizó .
Quizás el devenir del universo sea la búsqueda permanente del equilibrio entre el orden y el caos…el Yin y el yang…
Saludos