El tan utilizado término esoterismo, es un concepto reciente para la humanidad, acuñado en la Europa occidental del siglo XIX. Etimológicamente, proviene de la raíz griega (esō), que significa “dentro”, de la cual se deriva el adjetivo moderno “esotérico”, que denota “algo accesible, interesante o inteligible solo para un grupo pequeño”.
Sin embargo no existe un claro consenso sobre su definición, y hoy día coexisten dos definiciones: una es más afín con su raíz etimológica y la otra más asociada con cierta marginalidad cultural.
La primera hace alusión a enseñanzas espirituales ofrecidas a un grupo exclusivo, en oposición a las enseñanzas exotéricas dadas a una población más amplia. Dentro de esta categoría se tienden a incluir saberes tan diversos tales como el hermetismo, la cábala, la astrología, el espiritismo, la teosofía, la wicca, el tantra, el sufismo, el budismo zen, entre muchos otros.
En relación con la segunda, el historiador holandés Wouter J. Hanegraaff, ha caracterizado el esoterismo como una categoría que abarca aquellas tradiciones que han sido rechazadas tanto por las autoridades religiosas dominantes como por los paradigmas científicos dominantes, particularmente dentro de la sociedad occidental.
A esta segunda definición se puede asociar el término pseudociencia, con una clara connotación despectiva al poner como punto de referencia la ciencia y cómo dichos saberes carecen del rigor para ser tratados como tal, claro reflejo del estigma con el que muchas de estas tradiciones cargan en occidente.
Sin embargo, y contrario a la voluntad de la institucionalidad religiosa y científica, en lo que va del siglo XXI el interés por saberes y prácticas esotéricas muestra una firme tendencia creciente, quizá en una mezcla de desconfianza hacia las instituciones tradicionales y el fácil acceso a la información que permite el mundo digital.
A propósito afirma la investigadora mexicana Reneé de la Torre: “Las creencias trascendentales y las experiencias sagradas ya no sólo se adquieren asistiendo a los templos, sino también por medio de itinerarios de consumo en las tiendas esotéricas, en los centros de desarrollo personal, e incluso en un supermercado. Por la vía del consumo, un individuo puede diseñar su propio menú creyente; mediante itinerarios de búsqueda de nuevas experiencias con lo sagrado y lo trascendente puede ir formando su propia religiosidad a la carta.”
Si bien puede resultar valioso, por un lado, o inaplicable por otro, la tan profusa oferta esotérica, la posibilidad de trazar un camino en torno a lo trascendente, acorde con su propio criterio, es obvio que la fuerza que entra a comandar esta dinámica está regida por las leyes del mercado, donde el principio superior es la generación de beneficios económicos para quienes producen y comercializan productos y servicios.
A propósito, la artista española Nuria Navarro, muestra con su obra cómo la oferta esotérica oscila entre la trascendencia y la frivolidad. Luego su inmersión en el mundo de las tiendas esotéricas afirma que estas “despliegan una fantasía, casi siempre egoísta, muy entrañable” y agrega: “Juegan a solucionar problemas bastante serios (adicciones, falta de amor, crisis económica, rupturas…) como si compraras ibuprofeno”.
Así que, ante el auge y tal despliegue de trascendencia a la carta, se hace preciso afinar nuestra capacidad de discernimiento, para identificar aquellas fuentes genuinas y profundas que pueden guiarnos en nuestro camino de autoconocimiento, así como para evitar naufragar en esa cada vez más voraz marea de oferta esotérica que busca maximizar rentabilidades por cuenta de nuestras más profundas vulnerabilidades.
Fuentes consultadas:
- El inesperado resurgir del esoterismo: pasatiempo o espiritualidad (elpais.com)
- Esotericism (britannica.com)
- Circuitos mass mediáticos de la oferta neoesotérica: new age y neomagia popular en Guadalajara. Reneé de la Torre. En: Alteridades (redalyc.org)
Foto: https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2021/09/el-maravilloso-y-colorido-mundo-microscopico

