Juego divino
¿Me permitiría usted tomarme con fuerza del gozo genuino que emana su existencia, e irme a viajar junto a usted, por el resto de los tiempos que elijamos recorrer? Y si es que no hay más tiempo, que sea entonces en la eternidad, bajo la lluvia que aún no es lluvia; entre la risa que, respirándose en suspiro, aún no explota en el sonido; en la palabra silenciosa que contiene lo que no existe aún, lo que no es letra aún, lo que no duele aún.
¿Me permitiría usted jugar a su lado el juego sacro del Amor? Yo por mi parte, no me bajo, no me suelto del vagón. No será nunca promesa, es más bien nuestro sentir, es el juego más divino, es su Luz, es su latir. Que la fuerza que hoy la guía, que la nutre y que la mima, sea la misma que permita verla siempre sonreír. Verla siempre florecer y saberla eterna, sabiendo su Ser. Y amarla humana, amando su Amor. Y cantar a su nombre, cantándole a Dios.
Si a su lado he de caminar, que este Juego Divino no acabe jamás.
¡Feliz eternidad, siempre amada Ma!
Luz Ángela Mastrodoménico

